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Amianto y género

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Es fácil intuir que el propio género femenino de la autora, exclusiva o principal, de determinados trabajos (o, en su caso, el de todas las firmantes del mismo), les confiere una especial sensibilidad respecto del contenido de esos estudios, incluyendo a la misma motivación para su abordaje. Parece ser el caso, indudablemente, de Bienvenido sea su interés profesional y humano, para contribuir a esclarecer varias de las múltiples facetas que presenta el conjunto de todas las patologías asociadas a la exposición al amianto. Un ejemplo de los trabajos con los que estas autoras han contribuido al conocimiento de la relación entre el amianto y el género femenino, lo tendremos en el artículo de Maryse Bilodeau, incluido en nuestra bibliografía, en el cual se relatan las condiciones de participación de la mano de obra infantil y femenina, en la explotación de las minas de crisotilo de Quebec. Sobre la intervención femenina en la minería del asbesto, se han generado diversos trabajos: Bilodeau (2002), McCulloch (2003). Un sector industrial en el que se ha prodigado el empleo de trabajadoras, ha sido el de la industria textil del amianto: Brown et al. (1994), D’Acri et al. (2000), Jehan et al. (2004), Merler et al. (2001), Sun et al. (2003), Zhang et al. (2004), incluyendo a las labores de reciclado de sacos que han contenido asbesto: Ascoli et al. (2003), Barbieri et al. (2008) & (2009), Musk et al. (2006), Pinto et al. (1998), Tomasini et al. (1990). Otro tanto cabe decir respecto de la fabricación de filtros, con contenido de amianto, tanto para cigarrillos como para máscaras anti-gas: Acheson et al. (1992), Dodson & Hammar (2006), Huncharek (1994), Wignall & Fox (1982). La contaminación por amianto del talco cosmético, es determinante de su vinculación con el género femenino, recogida en los trabajos que versan sobre dicha situación: (2) No obstante, la mayoría de las afectaciones, sobre todo por lo que respecta al mesotelioma, son las de carácter no ocupacional. Véase: (3) En González Gómez (2008), se hablará, en general, de «actividades feminizadas», entendiendo por tales, las que tradicionalmente se ha ido reservando para ser realizadas por mujeres (tareas administrativas, de hostelería, reciclado de sacos, etc.), siendo en ellas en donde cabe localizar situaciones de exposición al amianto, que eventualmente han sido determinantes de la aparición de alguna de las patologías asbesto-relacionadas, y en especial del mesotelioma, en el que dosis menores bastan para desencadenarlo. Un importante frente de batalla, en la pugna contra las maniobras de exoneración parcial o total de responsabilidades respecto de las secuelas de la exposición al asbesto, ha sido la distinta interpretación que se ha dado al hecho de que la tasa de afectación por mesotelioma sea sensiblemente mayor en los varones. En efecto, dicha circunstancia, que nadie niega, ha querido ser esgrimida como evidencia de que factores endógenos de mayor o menor predisposición innata, estarían presentes en la etiología del mesotelioma. Sin pretender negar rotundamente esa posibilidad, no obstante, lo cierto es, que cuando la susodicha tasa se refiere a la exposición ambiental, y no a la laboral, la diferencia entre géneros, en función de la misma, se esfuma por completo, sugiriendo fuertemente, que la diferencia constatada respecto del ámbito laboral de exposición, obedece más bien, fundamentalmente, al hecho de que en el pasado al que nos remonta el tiempo habitual de latencia en el afloramiento del mesotelioma, prevalecía un reparto de roles sociales y en el hábito de contratación de personal por parte de las empresas, que bastan para dar cumplida cuenta de la diferencia hallada respecto de la exposición laboral. El posible carácter específico de la afectación femenina, viene determinada, más bien, por otras circunstancias, cual es el caso de la convivencia con trabajadores del asbesto, que abocaron a una contaminación doméstica, frecuentemente facilitada por el hecho de que la ropa de trabajo fuera llevada al propio domicilio, y a que en él se procediera a su lavado, pero sin que quepa descartar que, aun cuando con menor incidencia, la mera convivencia, sin más, hubiera bastado para que el mesotelioma hubiera podido aflorar en la esposa del trabajador, habida cuenta de que, como se ha podido llegar a constatar, bastan exposiciones mínimas, para poder desencadenar tan nefasto acontecer. En Langhoff et al. (2014), los autores concluyen que casi el 50% de las mujeres afectadas por el mesotelioma maligno, se han expuesto al asbesto a través de familiares de primer grado, trabajadores del amianto, que llevaron la contaminación a sus hogares, a través de sus ropas de trabajo. En relación con el mesotelioma pleural maligno, en Lacourt et al. (2014), los autores concluyen que: “Nuestro estudio sugiere que la ARP (riesgo atribuible a la población) general, en las mujeres, se debe principalmente a la exposición al amianto no ocupacional”… Usando los criterios estándar ILO 1980, en Kilburn et al. (1986), los autores encontraron signos radiográficos de asbestosis, en el 11% de las esposas, y en el 2% de las hijas de los trabajadores de los astilleros de Los Ángeles (California); tales porcentajes, fueron obtenidos después de excluir a quienes habían tenido también una exposición ocupacional. Si, como es sabido, la generación de una asbestosis requiere de dosis más elevadas de contaminación que para el mesotelioma, la emergencia de lo primero, la asbestosis, pone de manifiesto que sobradamente se han generado las condiciones mínimas imprescindibles para que también se pueda producir lo segundo, el mesotelioma. La situación inversa, esto es, que sea el esposo el afectado por el mesotelioma, a causa del trabajo en la industria del amianto, por parte de su esposa, cuenta con un registro netamente más reducido –pero no inexistente- en la literatura médica: Ruffie et al. (1989). Otras vías de posible contaminación, de exclusiva o preferente índole, referidas específicamente al género femenino, han sido señaladas, incluyendo, por ejemplo, a una eventual contaminación del talco cosmético (como ya dejamos reseñado), también el usado en preservativos –ver: Kasper & Chandler (1995)-, o incluso, en el caso de las esposas de los mineros sudafricanos del amianto, a través del contacto íntimo del acto sexual. En efecto, además de las consabidas vías de acceso, la inhalación y la ingestión, en Reid et al. (2009), se hace mención de la contaminación por vía vaginal, a través del acto sexual. ¡Trágico cruce de caminos, entre la vida y la muerte! La misma vía también ha sido invocada, en relación con la contaminación del talco por tremolita, en su uso en la higiene íntima femenina: Heller et al. (1996). También resulta procedente traer a colación aquí, la contaminación por asbesto, del talco utilizado en la fabricación de condones: Kasper & Chandler (1995). La ingestión, también ha sido señalada como posible vía de contaminación en una mujer afectada por el mesotelioma: Van Kesteren et al. (2004). Que el talco cosmético, contaminado de forma natural con amianto, haya sido la causa de mesotelioma en algunas mujeres que lo usaron, lo veremos reflejado en: Gordon et al. (2014). El asentamiento de las patologías asbesto-relacionadas, en estructuras anatómicas específicamente femeninas, es el denominador común de toda una serie de trabajos: (4) El amianto también ha irrumpido en la vida de las mujeres, de una forma silenciosa, que no tiene reflejo en las estadísticas ni en los cuadros de patologías comúnmente atribuidas al asbesto, y ello ha sido así, en su frecuente condición de cuidadoras de las víctimas directas, sus esposos o hijos, con secuelas de somatización del sufrimiento psíquico, y a causa del deterioro de toda índole, desde la inseguridad económica hasta el déficit de normalidad en las relaciones de pareja y en la vida familiar. Sobre la relación del amianto respecto del género, y específicamente referida al género femenino, la bibliografía localizada es la siguiente: (5) Mesotelioma en embarazadas Contemplamos aquí, por su especificidad y trascendencia, la circunstancia del mesotelioma en embarazadas –ver: Pekin et al. (2004), Ramsey et al. (2000), Scattone et al. (2001), Schweichler et al. (1995), Urbanczyk et al. (1996)-, en la base experimental sobre posible inducción tumoral en descendientes, mediando transmisión placental de amianto crisotilo –ver: Vanchugova et al. (2008)-, y, en último término, también en el ámbito de la experimentación animal, se ha señalado la posibilidad de un efecto teratógeno del amianto, habida cuenta de su transferencia placental. Ver: Krowke et al. (1985). Es ésta una posibilidad que merece ser meditada, sobre todo si se tiene en cuenta, siguiendo a Erik Larsson en sus razonamientos, que, de forma natural, la placenta de los mamíferos presupone ya una depresión localizada del sistema inmunitario materno (para evitar el rechazo del feto, por parte del organismo que lo acoge), lo cual ha dado lugar a que, eventualmente, ciertos tumores hayan podido desarrollarse, al amparo de dicha situación localizada, favorable a su inicio y proliferación. En concordancia con todos estos indicios, un reciente estudio formula la hipótesis (avalada por la incrementada incidencia hallada), que apunta a una correlación entre exposición al asbesto y la enfermedad trofoblástica gestacional: Reid et al. (2009). Se denomina enfermedad trofoblástica gestacional, al grupo de trastornos que tienen en común la proliferación del trofoblasto gestacional, es decir, el tejido que se convertirá en la placenta, en el proceso normal del embarazo. Es evidente la necesidad de estudios epidemiológicos que clarifiquen debidamente todas las interrogantes que plantean estos trabajos, referidas a cuestiones concretas, tales como la posibilidad de incidencia elevada para infertilidad, abortos espontáneos, malformaciones en el feto, neoplasias en lactantes, etc. En cualquier caso, el mesotelioma en embarazadas, representa una catástrofe vital multiplicada, tanto desde el punto de vista psíquico de la propia enferma, como desde el de la ponderación objetiva de las dos vidas humanas comprometidas en dicho escenario de la malignidad del amianto. Eventualmente, el diagnóstico de mesotelioma en la cavidad abdominal, en situación de embarazo, puede corresponder al hallazgo de dicha dolencia maligna de letal pronóstico, con ocasión de haberse practicado una cesárea. Ver: Lanneau et al. (2005). Dicha situación, por su remarcado dramatismo, se sitúa entre las más altas cotas de agresividad atribuible a una patología tan vinculada al amianto, como es el mesotelioma. Otro aspecto a considerar, en el tema del mesotelioma en embarazadas, es el hecho de que esa condición de la enferma determina una reducción de las terapias paliativas disponibles, dado que algunas de ellas entrarían en colisión con la necesaria protección a la integridad del feto: Sørensen et al. (2007). Mesotelioma en mujeres ilustres Por su indudable mayor trascendencia mediática, merecen ser resaltados los casos registrados, en los que el mesotelioma ha afectado a personas del género femenino, y que socialmente han asumido un destacado protagonismo. Seguidamente pasaremos revista a algunos de esos casos. Tendríamos así, por ejemplo, el caso de la novelista Barbara Harris, esposa del actor y cantante Dale Harris, y autora de la novela de ciencia-ficción titulada «¿Quién es Julia?», la cual dio origen a una película de televisión; en el año 2008 falleció de mesotelioma. Probablemente su contacto con el amianto estuvo motivado por sus actividades en el sector inmobiliario, particularmente en lo relativo a la rehabilitación de viviendas. Otro caso similar, sería el de Ann Marian Ebsworth, abogada y jueza británica. En 1992, se convirtió en la sexta mujer juez del Tribunal Superior, y la primera en ser asignada a la División de Banca de la Reina. En el año 2002, falleció de mesotelioma. Su padre, Arthur Ebsworth, fue oficial de la Marina Real y su vida temprana transcurrió en varios cuarteles. Dada la extraordinaria presencia del amianto en los buques de guerra, parece razonable conjeturar que dicha circunstancia no haya sido ajena al afloramiento del mesotelioma en su hija. Cuando el presunto vínculo de morbimortalidad con el amianto es menos específico que el del mesotelioma, como es el caso del cáncer pulmonar, la atribución a dicha etiología resulta ser, como es lógico, más cuestionable. Tal sería el caso, por ejemplo, de la cantante (no fumadora) Donna Summer, llamada «Reina del Disco», y fallecida de cáncer de pulmón en el año 2012; al haber habitado en el mismo distrito neoyorquino, y en proximidad de las Torres Gemelas, con ocasión del atentado terrorista del 11 de Septiembre de 2001, estuvo sometida, al igual que el resto de los habitantes del mismo entorno, a enormes polvaredas que incluían el peligrosísimo anfíbol tremolita, tipo de asbesto que de forma natural contaminaba a la vermiculita de Libby, con la que se había efectuado el aislamiento ignífugo de las estructuras metálicas de las torres. Como conclusión de todo lo expuesto, podemos afirmar, sin ninguna suerte de reservas, que el género femenino ha asumido también una importante cuota de riesgo por amianto, evidenciada por el afloramiento de sus patologías asociadas, con especial énfasis en el mesotelioma, para cuyo desencadenamiento basta con dosis comparativamente más débiles, o exposiciones más breves, esporádicas o incluso puntuales y únicas. Fuente: www.rebelion.org http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196300

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