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Dos empresas condenadas a indemnizar con 154.000 euros a la familia de un fallecido por amianto



La tolosarra Paz Mendivil era ayer una mujer «consolada», al conocer que un juzgado donostiarra ha condenado a las empresas Artikutza e Irovisa, en las que trabajó su marido, a indemnizarle con 154.000 euros a consecuencia de la inhalación de amianto procedente de las zapatas de freno de los vehículos que reparaba en su puesto de trabajo. Y que le provocaron la muerte. Jesús María Jobajuria falleció en enero de 2015 a consecuencia de un adenocarcinoma pulmonar, derivado de su exposición al amianto «con ausencia total de medidas preventivas».

«Por fin se nos ha reconocido el daño causado por el mineral nocivo en la salud de mi difunto marido. Se ha hecho justicia, lo que nos permitirá ir cerrando poco a poco la herida», comentaba entre animada y compungida Paz Mendivil. «A mis hijos y a mí esta sentencia nos aporta consuelo, pero tenemos sentimientos encontrados porque no hay dinero que compense los 20 años más que podría haber vivido Jesús María si no llega a ser por el fatídico cáncer que se lo llevó por delante en apenas dos meses». «Con su complexión podía haber llegado hasta los 80 años por lo menos», lamenta Paz.

Una sustancia mortal

Durante más de cuatro décadas, Jesús María trabajó en talleres mecánicos arreglando vehículos. Sin saberlo, sus pulmones iban impregnándose de una sustancia mortal. «Empezó a adelgazar mucho y a toser por las noches», explica Paz. Esa fue la alarma que les llevó al médico de cabecera que enseguida «nos dijo lo que tenía, cáncer de pulmón en estadio cuatro».

«En el momento en que la neumóloga nos preguntó a qué se dedicaba mi marido, nos insistió: 'Esto lo tienen que mover desde el minuto uno'». Al salir de la consulta, su marido le dijo: «En primer lugar tiraremos para adelante pero, si algo me pasa, lucharemos por una compensación». A Paz le queda ahora la satisfacción de que «la justicia ha hecho precisamente eso, justicia, porque ver cómo se tiraban balones fuera durante el juicio fue bastante descorazonador».

Al mes de su fallecimiento, «una vez que me pude reponer un poco de su pérdida», Paz empezó a mover las cosas. Sin embargo, se dio de bruces con que «se me cerraban todas las puertas». Aún así, en todo este camino lleno de espinas, Paz también tuvo la oportunidad de conocer a personas que «te reconfortan con la sociedad. Gente que sin conocerte lucha por tus derechos». Entre ellos cita a Jesús Uzkudun, miembro de Asviamie, la Asociación de Víctimas del Amianto de Euskadi, y que «me ayudó mucho cuando no sabía dónde acudir».

Ayer mismo, desde la entidad recordaron que las empresas «en ningún momento informaron del riesgo a los trabajadores ni les dotaron de protección respiratoria».

Asviamie considera que «ha llegado la hora de que las empresas y las asociaciones patronales se impliquen, presionando a los gobiernos sobre la urgente creación de un fondo de compensación para las víctimas del amianto, cuyo debate y trámite parlamentario se iniciará tras las vacaciones».

Y en esa línea se expresó también Paz Mendivil: «Las empresas tienen que comprender que no se puede 'ahorrar' con la salud de los trabajadores. En el momento en que no les sea rentable pondrán más medidas preventivas».

Paz no fue capaz de permanecer en el hogar que Jesús y ella habían construido mano a mano en Tolosa «con mucho sudor y sacrificio. Vendí el piso y me vine a vivir a San Sebastián. Aquí tengo a Jesús conmigo, incinerado». Antes, durante medio año, buscó cambiar de aires y se marchó a Sevilla, aprovechando que su hijo mayor vive en la ciudad del Guadalquivir. Ahora, pese a la pérdida de su marido, le queda el consuelo de que «se ha hecho justicia».

Fuente: www.diariovasco.com

http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/reconocido-dano-causado-20170704003748-ntvo.html


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